La Madre

Un giro súbito puede llegar, un camino aparecer. 

Una Mente más grande puede ver una Verdad más grande, 

o quizás encontremos cuando todo lo demás haya fracasado

 escondida dentro de nosotros la llave del perfecto cambio.

Sri Aurobindo

Madre nació en París el 21 de febrero de 1878. Se llamaba Mirra Alfassa. Su padre era de Turquía y su madre de Egipto. Su educación temprana fue en casa. Cuando tenía alrededor de catorce años aprendió pintura y dibujo y luego entró a la escuela de bellas artes. Además de ser una muy buena pintora también era una talentosa música y escritora. Entre los once y los trece años tuvo una serie de experiencias psíquicas y espirituales revelándole la existencia de Dios y la posibilidad de unirse con Él. Fue a Argelia para estudiar ocultismo con Max Theon y su esposa.

A los 36 años, en 1914, fue a Pondicherry para conocer a Sri Aurobindo e inmediatamente lo reconoció como aquel que la había estado guiando en su desarrollo espiritual. En 1915 tuvo que regresar a Francia debido a la primera guerra mundial. De Francia fue a Japón y de allí regresó a India en 1920.

En 1926, después de seis años de un silencioso trabajo interior, funda con Sri Aurobindo el ashram, quedando a cargo de todo el desarrollo material y espiritual del mismo. Con respecto a la relación entre Madre y él, Sri Aurobindo declaró: “La conciencia de Madre y la mía son la misma”, “No hay diferencia entre el camino de Madre y el mío…”. 

Madre dejó su cuerpo el 17 de noviembre de 1973 a la edad de 95 años.

La crisis evolutiva actual viene de una disparidad entre las facultades limitadas del ser humano —mentales, éticas y espirituales— y los medios técnicos y económicos a su disposición. En la actualidad el ser humano está experimentando una crisis evolutiva en la que está oculta la suerte de su destino; porque ha llegado a un estado en el que la mente humana ha alcanzado un enorme desarrollo en ciertas direcciones mientras que en otras permanece estancada y aturdida, y ya no puede encontrar su camino... Sin un cambio interior el ser humano ya no puede enfrentarse al gigantesco desarrollo de la vida externa. Sri Aurobindo

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